El valle de las niñas madres

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Nuvia es la mamá más joven del siglo XXI. Cumplió nueve años el mismo día en el que dio a luz. Vive en Huanuco, una región del centro de Perú; zona conocida como el valle de las niñas madres.

Su historia es impactante, pero de ningún modo, una excepción. Nuvia fue violada por sus dos primos hermanos durante cinco meses. Jamás le contó a nadie lo que sufría casi a diario. Fue su secreto, hasta que tuvo ardor y punzadas en el estómago. “Me duele un poco la panza”, le dijo, en lengua quechua, a su madre. Ésta, preocupada, la lleva al centro médico más cercano, ubicado en la capital de Pachitea, Panao. Caminan dos horas entre malezas y viento. Ya es verano y el clima no es un obstáculo.

Cuando llegan, un doctor atiende a la niña. Le realiza el primer examen médico de su vida. Apenas coloca la mano en su vientre, descubre que el mal de la pequeña no es una enfermedad. El diagnóstico dice que Nuvia, de ocho años y apenas un metro treinta de estatura, espera un bebé. Es el embarazo más precoz de este siglo, y ella, de dar a luz, se convertiría en la madre más joven de la historia.

Las violaciones persistentes coincidieron con el momento en que la niña ovuló. Es un fenómeno infrecuente, pero posible. Los responsables del centro de salud avisan a la policía. Los agentes van en busca de los culpables. Nuvia los mira extrañada. Es el mayor movimiento de personas que ha visto jamás. Su madre llora.

La cacería comienza. Los guardias, vestidos de gris, tienen el rostro adusto, como de enojo. Sus primos, de 23 y 29 años, han huido. El soplo de un funcionario corrupto les advirtió. Se escaparon a la selva, un lugar donde desaparecer es una posibilidad real.

El comisario Tomás Garay encabeza la búsqueda. De no encontrarlos antes, los habitantes del pueblo los lincharán. Primero, los golpearán; cuando ya no se muevan, los atarán desnudos a un poste y luego, los quemarán vivos. Esa es la ley del pueblo, cansado ya de que sus pequeñas niñas vivan estas atrocidades. Por lo pronto, los fugitivos les están ganando la partida a la policía y al pueblo; pero ésa es la historia de los verdugos. ¿Y la víctima?

En agosto, trasladan a Nuvia a un refugio de monjas en Panao. Permanece oculta y protegida. El embarazo es complicado. A esa edad, su cuerpo está en pleno cambio. Crecerá apenas un poco más. Las glándulas mamarias se han desarrollado hasta alcanzar la dimensión de una mujer embarazada. El útero pasa de medir cinco a treinta centímetros. Al haber pasado el sexto mes de embarazo, el riesgo para el bebé es cada vez mayor. El cuerpo de Nuvia no está preparado para dar a luz naturalmente. El pronóstico médico es preocupante, es un embarazo de alto riesgo.

El 28 de septiembre llega a la capital en una ambulancia. Atrás la sigue una multitud de periodistas. Los flashes le iluminan la cara. La pequeña es un gancho mediático irresistible. Los políticos comienzan a intervenir. El embarazo de la niña de ocho años ha aumentado el fuego de uno de los debates políticos más intensos que ha vivido Perú: la pena de muerte para los violadores de menores de edad.

El ginecólogo del hospital señala que el caso de Nuvia es absolutamente excepcional. “Un embarazo a esa edad”, afirma, “solo puede tener dos razones: por una pubertad precoz, una posibilidad muy remota o porque la niña, por bastante tiempo, ha tenido relaciones sexuales. Así, el organismo alcanza una madurez a mayor velocidad y la menstruación aparece de repente”.

Nuvia, separada de su progenitora, espera el nacimiento de su bebé. La meta del personal especializado es la supervivencia de ambos. Pocos creen que eso sea factible.

Hasta la fecha esperada para el parto, Nuvia vive en el hogar para madres adolescentes Santa Rita de Casia. En octubre, comienza a recibir tratamiento psicológico.

En el valle de las niñas madres, la situación continúa inalterable. Un nuevo caso conmociona a la opinión pública. En estos días se descubre que un perverso violaba a su propia hija desde que tenía 12 años. Cuando ella trataba de huir de la casa, la hacía regresar atada por las muñecas con una pesada carga de piedras. Durante el camino de regreso, la golpeaba con un látigo. En el río, la desnudaba, la sumergía hasta que prometía que no se volvería a escapar. Máximo Encarnación Eugenio (el padre) tuvo cinco niños que podrán llamarlo papá y abuelo. Horrendas historias de ayer y de hoy; como la de la niña Nuvia.

El 1 de diciembre del año 2006, coincidiendo con su noveno cumpleaños, una cesárea permite el nacimiento de un varón de dos kilos y medio. En el día en que debía recibir juguetes, la niña Nuvia se convirtió en la madre más joven del siglo.

 

Principios para la restauración

La historia que hemos compartido increpa los ánimos, moviliza. Pensar en una pequeña niña víctima de hombres tan malvados, nos hace reaccionar y desear justicia; verdadera justicia.

Nos sentimos tentados a preguntar: “¿Dónde estaba Dios?”, y esperamos que Dios haga lo que él nos ha delegado a nosotros: impartir justicia.

Muchos abusadores andan sueltos, robando la inocencia de cientos de niños y niñas. ¿Hasta cuándo lo toleraremos? ¿Hasta cuándo los vacíos legales y la ignorancia que fomenta más abusos? ¿Hasta cuándo…?

Quizás usted conoce de cerca una situación similar a la de la niña Nuvia, o tal vez, salvando las distancias de nombres, lugar y tiempo de ocurrencia, usted sea una “niña Nuvia”.

Desearíamos para Nuvia lo mismo que para usted: que a pesar de lo vivido, a pesar de la injusticia y el dolor que otros le han causado, pueda encontrar las fuerzas para seguir adelante. Quítele a ese malvado el poder de seguir dañando su vida. Dios desea brindarle su ayuda para superar lo que resulta imposible.

En el mundo de la psicología se habla de resiliencia a la capacidad de superación personal en medio de las crisis. Se ha observado que ante situaciones extremas, al principio, todas las personas reaccionan de forma muy parecida pero, después del impacto inicial, algunas se van fortaleciendo; mientras que otras se van debilitando. La diferencia radica en la resiliencia, es decir, en la capacidad de encontrar lo positivo en medio de la adversidad y usar lo experimentado para mejorar y superarse.

La resiliencia es extenderse al futuro esperando lo mejor, es saborear por anticipado las grandes victorias que Dios tiene preparadas para usted. ¡Proclame la buena voluntad de Dios; espere la buena voluntad de Dios!

No importa cuánto tiempo lleve humillado, hoy es un nuevo día y amanece con esperanzas para usted. Cobre ánimo con estas palabras que provienen de Dios: “Y olvidarás tu miseria, o te acordarás de ella como de aguas que pasaron. Y la vida te será más clara que el medio día; aunque oscureciere será como la mañana. Tendrás confianza porque hay esperanza. Mirarás alrededor y dormirás seguro”, Job 11:16-18.

 

Extraído del libro “Inocencia Robada”